Vipassana… lo que nadie me contó.


¨Vipassana significa ver las cosas tal como son. Es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India. Se enseñaba en la India hace más de 2500 años como una cura universal para problemas universales, es decir, como un arte, el Arte de Vivir.¨Es la técnica de la meditación con la G. Budda alcanzó la iluminación,  que él mismo difundió hasta su muerte, y ha sido transmitida por maestros  generación tras generación hasta nuestros días. Esto es lo que encontraba una y otra vez cada  vez que intentaba buscar información en interntet…

Conocía a algunas personas que habían hecho un retiro de 10 días, y todas coincidían en que era muy duro, pero muy gratificante; para mi eran dos conceptos antagónicos, ¿ cómo puede ser algo tan duro gratificante?, ¿qué significa ¨muy duro¨? ; la curiosidad me podía, así que decidí experimentarlo en mi propio ser, y vaya si lo experimenté. 

Lo primero fue elegir el centro; lo quería hacer en algún país que no hubiera visitado y buscaba que no fuera una mera atracción para turistas ávidos de experiencias nuevas (vamos, como yo). Dhamma Joti reunía todas las cualidades: estaba en Myanmar, que era una país que tenia muchas ganas de descubrir, es uno de los centros más antiguos que existen y había disponibilidad para las fechas en las que yo lo quería hacer.

Al grano. El primer día tienes que estar allí antes de las 2 de la tarde; yo llegué a las 2 menos dos minutos, quería disfrutar al máximo de los últimos minutos de libertad. Estuve fumando como una posesa toda la mañana hasta terminarme la cajetilla de cigarrillos, fui a tomarme un delicioso café y tarta de chocolate en mi cafetería preferida de Yangon, y hablé con mi madre para despedirme de ella. Al llegar al centro, la primera impresión fue muy buena, monjas, monjes, muchos locales y algunos turistas llegábamos con nuestras maletitas al que sería nuestra hogar durante los próximos 11 días. Al llegar allí te dan folleto informativo con una pequeña introducción, el código de disciplina y el horario del curso, que debes leer previamente y aceptar. 

El código de disciplina marca que tienes que aceptar cinco preceptos durante la duración del curso:

  1. No matar
  2. No robar
  3. Abstenerse de todo tipo  de actividad sexual
  4. No mentir
  5. No tomar ningún tipo de intoxicante

Esto no iba a ser demasiado complicado.

Debes seguir las instrucciones del profesor, no debes practicar otro tipo de técnica de meditación, no puedes llevar ningún objeto religioso ni orar, guardar noble silencio, que implica no hablar ni tener ningún tipo de contacto  con el resto de compañeros, no fumar ni consumir drogas, vestir de forma apropiada,  y no leer, escribir ni escuchar música y ademas no puedes abandonar el centro (aunque realmente se puede). 

El horario es el siguiente:

4:00 am                    Suena la campana despertador

4:30-6:30 am           Meditación en la sala o en tu habitación 

6:00-8:00 am           Desayuno y descanso

8.00-9.00 am           Meditación en grupo en la sala

11:00-12:00             Almuerzo y descanso

1:00-2:30 pm           Meditación en la sala o en tu habitación

2:20-3:30 pm           Meditación en grupo en la sala

3:30-5:00 pm           Meditación en la sala o en tu habitación

5:00-6:00 pm           Té y descanso

6:00-7:00 pm           Meditación en grupo en la sala

7:00-8:15 pm           Discurso del profesor en la sala

8:15-9:00 pm           Meditación en grupo en la sala

9:00-9:30 pm          Planteamiento de dudas en la sala

9:30 pm                   Retiro a tu habitación y se apagan las luces

Sí, lo acepté. Me dieron las llaves de de una taquilla en el que debía dejar todo lo que no iba a necesitar: teléfono, ordenador, libros…; lo solté todo y me dirigí a la recepción de mujeres para que me asignaran una habitación. En mi caso era una habitación doble, que compartiría durante los próximos 10 días con una mujer a la que ni siquiera podría mirar a los ojos. Dejé mis cosas, preparé la cama y me salí a ver que se cocía por allí. A las 6 de la tarde teníamos una cena, una pequeña charla introductoria, y la primera meditación, tras la cual comenzaba el silencio noble. 

 Las comidas, eran un comedor inmenso, a la entrada había dos mesas en las que te servías tu plato  y te sentabas en un lugar que previamente te había sido asignado. Allí intercambié algunas palabras con las dos chicas que tenia sentadas a mi lado y a las que en unos minutos no iba poder ni siquiera volver a mirar.  Comimos, oímos las instrucciones para los próximos días y tuvimos la primera meditación conjunta. Al entrar en el salón, hombres a un lado y mujeres al otro, también teníamos un cojín asignado, y el mío por suerte estaba en la última fila pegado a la pared . Me puse más feliz que la gitanita del whatsApp, no es que sea floja, tengo escoleosis y físicamente no estaba precisamente en mi mejor momento.

La verdad es que el primer día me pareció que la cosa no iba a ser tan difícil. La comida era rica, la habitación limpia, y el centro me daba muy buen rollo. 

Sin hacer mucho ruido y procurando no invadir el espacio de mi compañera, ni provocar un cruce de miradas o a tener un pequeño contacto físico, me acosté, reconozco que muy excitada, tenía muchas ganas de descubrir qué iba a pasar por mi cabeza en esos días. Dormí hasta que a las 4 sonó el gong para despertarnos. Como si lleváramos toda la vida viviendo juntas, nos levantamos y organizadamente nos preparamos para comenzar el día, sin mirarnos ni molestarnos. 

Los tres primeros días lo que practicas es Anapana, en el que aprendes a calmar la mente a través  de la respiración.

Apenas a los 10 minutos de empezar la meditación empecé a adivinar a qué se referían cuando decían que era muy duro: se me queda una pierna dormida, al poco se despierta y se me duerme un brazo, empiezan todos los músculos de mi cuerpo a presentarse, algunos de ellos no sabía ni que los tenía, y a darme señales de que están allí. Me había sentado en la postura de medio loto, con la que me creía me sentía muy cómoda (  te puedes sentar como quieras, lo único que no te permiten es estirar las piernas y apoyarte en la pared, aunque tengo que decir que también te lo permiten; puedes estirar las piernas para cambiar de postura y si te apoyas en la pared tampoco te dicen nada). Os aseguro que sé que seguía respirando porque sigo viva, pero en lo único que me pude concentrar era en cómo me dolía el cuerpo. Cuando suena el gong para indicar que ha terminado la meditación, desayuno y corro para la cama. Estaba literalmente muerta, y llevaba sólo 3 horas del primer día. Al rato suena el gong y de nuevo a meditar, vamos, al cojín a reconocer dolores. El cuerpo se me iba tensionando cada vez más y más, sentía dolor prácticamente en todas partes  y no conseguía concentrarme ni un solo segundo en la respiración. Ahora entró la mente a acompañar; empecé a pensar que si el dolor seguía aumentando y la concentración no aparecía, no tenía ningún sentido estar ahí. Sí, el primer día a las pocas horas ya estaba pensando en abandonar.

Después de la dura jornada, a las nueve y pico me voy a la cama. Lo recuerdo como uno de los peores días de mi vida, jamás había sentido tanto dolor de forma continuada, y soy bastante tolerante ( me puedo hacer la depilación láser sin anestesia…), las horas se hacían interminables… No le veía ningún sentido a ese sufrimiento, y además durante tantos días continuados. Si esa había sido la experiencia del primer día, me iba a ser imposible soportarlo ni si quiera un día más, y presumía que cada día sería peor, estaría más cansada física y mentalmente, pero mi ego no me permitía abandonar, tenía la esperanza de que en algún momento apareciera la parte gratificante.  Pero no, cuando sonó el gong para despertarnos y puse un pie en el suelo me quería morir, tenía agujetas y calambres por todo el cuerpo, a lo que había que sumarle un hambre atroz, llevaba casi 16 horas sin comer. Salí al jardín a pasear y estirar un poco (tampoco está permitido hacer yoga o cualquier otro tipo de actividad física). Cuando me volví a sentar en el cojín para las dos primeras horas de meditación, me concentré al máximo, realmente quería llegar a conocer a la supuesta parte bonita de todo eso, pero no , era totalmente imposible, sentía mucho, muchísimo dolor. De nuevo desayuno y a la cama. Cuando me tuve que levantar para seguir con la rutina, milagrosamente me sentí muy bien; no tenía mucho dolor y en mi cabeza brillaba un poquito el sol. Pude concentrarme un poco en la respiración y comenzar a sentir que realmente es muy agradable y relajante. No es que estuviera cómoda, ni mucho menos, pero la cosa no iba a peor y por primera vez tenía una sensación que no era desagradable. A partir de ese momento, comenzó un viaje en una montaña rusa que duraría hasta el último día: había momentos de subidones y momentos miserables, pero bueno, por lo menos supe que el dolor no iba a ser progresivo y el deterioro mental tampoco. 

Todos los días, en una de las sesiones te ponen un audio en el que te dan las indicaciones de lo que debes practicar y a última hora  otra del maestro Goenka, en la que te explica un poco en que consiste el método, de una forma muy amena, con  muchos ejemplos basados en su propia experiencia e historias.  El método en lineas generales pretende eliminar la negatividad y ayudarte a controlar tu mente. En cada charla él te va describiendo exactamente cómo te sientes. Me pareció alucinante ver el mecanismo tan sencillo que tiene la mente, cómo todos reaccionamos de la misma manera, y cómo si consigues controlarla y educarla tus sentimientos cambian. En ese momento vi claramente que iba a ser muy positivo y decidí que pasara lo que pasara me iba a quedar. 

Pasados los tres primeros días, en lo que se supone que ya has aprendido a calmar tu mente a través de la respiración, tienes que empezar a observar las sensaciones de tu cuerpo y a analizarlas con ecuanimidad; todas las sensaciones surgen para desaparecer, ANICCA, un palabra mágica que siempre recordaré. A partir de entonces tienes que ir observando tu cuerpo, en el que por supuesto todas las sensaciones que hay son de dolor… poco a poco empiezas a observarlas y empiezas a ver que realmente surgen para desaparecer, ningún dolor es eterno, al igual que ninguna sensación agradable lo es ; y eso es lo que debes hacer, observar tus  sensaciones sin crear ningún tipo de apego por las sensaciones agradables ni aversión por las desagradables. Ahí me dio un subidón increíble, vi como dolores iban desapareciendo, vi el inmenso poder que tiene la mente y lo maravilloso que era poder controlarla. Pero cuando ya empiezas a tenerlo controlado, esa maravillosa voz en off te dice que todo esas sensaciones que recorren tu cuerpecito las tienes que observar sin moverte ni abrir los ojos durante una hora. Como ya en esos días tenía linea directa con mi mente, le dije que no nos íbamos a mover, y no me moví, pero de nuevo comenzaban los horrores, durante esa hora pensaba que en algún momento mi cuerpo saltaría a pedazos. Cuando sonó el final de la meditación, salí de la sala como una loca, automáticamente los dolores desaparecieron y me sentía eufórica. Jamás olvidaré las miles de sensaciones que sentí mientras paseaba por el jardín, en completa soledad viendo las estrellas y las luciérnagas a mi alrededor.

Poco a poco ves cómo vas mejorando en tu capacidad de concentración por momentos,  y en otros eres incapaz de concentrarte ni si quiera en la respiración. Los días se hacen largos, eternos… cada vez te pesa más el silencio, hay sonidos maravillosos como el de las campanitas de la pagoda al ser agitadas por el aire, oír la lluvia caer, el sonido de los pájaros….pero también otros horribles, como el tintineo que se oía en el comedor causado por el roce de cucharas y platos metálicos, los pasos arrastrados de 70 personas al salir,  los eruptos que hacían vibrar la sala…. Aún así  todo es muy positivo, era consciente de la impermanencia del estado físico y anímico, había momentos en los que no me concentraba, otros en los que sentía dolor y agotamiento, pero merecía la pena. 

El día décimo, se rompe el silencio noble, podemos empezar a hablar. Y aunque se rompe la magia, es un día muy bonito. Por fin podía  hablar con esas personas a las que había tenido al lado durante 10 días, imaginándome sus vidas, preguntándome por qué estaban allí, si a ellas les estaba ocurriendo lo mismo que a mí… Ese día se hizo muy ameno, seguí la rutina sin apenas descansar y no me costó nada, porque claro llevaba 10 días sin hablar y mi boquita no podía estar cerrada ni un segundo más. 

Al día siguiente por la mañana se realiza la última meditación en grupo y finaliza el curso. 

¿ Os lo creéis si os digo que me dio pena de que  terminara? 

Ya sé por qué es muy duro pero muy gratificante, pero sin duda os lo recomendaría. Para mí lo duro fue el dolor, muy  muy muy muy duro, no os exagero, y lo gratificante es aprender a controlar tu mente y ver lo útil que te va a ser si lo aplicas a tu vida diaria. 

 

 

 

 

 

 

 

 

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