Un mes y pico fuera de casa y sigo viva…


Después de un mes y pico fuera de casa ya empiezo a ver  la realidad desde la perspectiva que buscaba; el mundo es increíble y está lleno de gente maravillosa. Si os soy honesta, cuando cerré la mochila y cogí el pasaporte para marcharme a vivir esta aventura lo que más sentía era miedo, tanto que ni siquiera sentí nervios. El miedo es el sentimiento más horrible que se puede sentir; te bloquea, te impide ver la realidad, te hace sentir tan vulnerable que no te permite disfrutar de las cosas que te rodean. Pero tiene un punto flaco, y es que cuando lo retas siempre pierde, ahí empieza lo bueno, ¡y ya ha empezado!

LLegué sola a Camboya, cansada, llena de ilusiones y expectante de ver qué pasaba, y la respuesta fué: ¿ qué coño haces aquí, en la otra parte del mundo sola y  sin planes? El primer día fue muy duro, es el momento en que todo el estrés de los meses anteriores se asienta y ves la realidad, el día después a cualquier gran evento. Y no me sentí cómoda, todo lo contrario, me veía comprando un  billete de vuelta y cerrando la aventura como unas simples vacaciones. A los dos días había conocido a un montón de gente, de hecho continué el viaje con dos chicas hasta que viajé a Singapur para encontrarme con una amiga que venía de vacaciones.

Socializar era uno de mis temores, no me considero introvertida pero tampoco soy del tipo de persona que sale de copas y habla con todo el bar, pero cuando viajas sola es algo que fluye de forma natural,  los que estamos de viaje tenemos un nexo de unión muy fuerte, todos vamos en  la misma dirección, ansiosos de conocer lugares y culturas nuevas. La forma de viajar se va transformando poco a poco, ya no pretendes tener la mejor foto en el sitio más fotografiado del país, sino disfrutar del momento y si es posible sin la aglomeración de turistas, no te importa no captar la idílica puesta de sol que estás viendo, prefieres sentirla, huyes de los garitos de moda y vas en busca de un pequeño negocio familiar y disfrutar de una caña o una comida conversando con ellos.

Ahora es cuando ha empezado realmente mi aventura. Los primeros días fueron una primera toma de contacto, en los que aprendí  a sentirme cómoda con la nueva situación. Las tres semanas que he pasado con mi amiga, han sido una parada en la que he vuelto a revivir cómo se disfrutan unas vacaciones. Aunque han sido unos días increíbles, por supuesto es muy bonito compartir experiencias en todos los aspectos con alguien a quien conoces ( I miss you mami), es ahora cuando estoy viviendo lo que buscaba. Me quedé en la última isla en la que estuvimos porque me cautivó, Gili T,  y ahora me siento parte de la familia que gestiona el homestay en el que estoy viviendo. Los planes van surgiendo muy poco a poco, de hecho he pospuesto dos veces la salida, y la única prisa que tengo es porque tengo que salir del país para renovar el visado.

Ya os contaré en otro post cositas acerca de Indonesia y las maravillas que estoy viendo.

Un mes y pico fuera de casa y no sólo sigo viva, ¡estoy más viva que nunca!

 

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