Norte de Italia… Consolidando


Si tengo que resumir este viaje en una frase es “Italia me ha enamorado”.

 

Este viaje no tenía más pretensión que consolidar la experiencia del viajecito anterior; viajar sóla, sin ningún itinerario establecido, dejándome llevar por los consejos de otros viajeros y las sensaciones que me ofrecía cada lugar. Sobre todo porque no tenía otra opción, con tan solo cinco días entre un viaje y otro sólo tenía tiempo para preparar de nuevo la maleta, comprarme una guía e improvisar. Y sí, creo que la huella que te deja un destino es inversamente proporcional a las expectativas que hayas puesto en él, ha sido otro viajazo. 17 días, 6 regiones, cuatro mil y pico de kilómetros, más de mil fotos y muchas experiencias inolvidables. Cuando estás de viaje los sentidos funcionan de otra forma y, ¡me encanta cómo lo hacen!

LACIO: Roma

Mi vuelo low cost, aterrizó en Roma. Tendré que dar las gracias eternamente a la compañía de que pusiera ese precio tan baratito para ese día, porque si no hubiera sido por eso, seguro que hubiera dejado pasar algunos años más para ir a Italia. Ya la llegada presagiaba que iba a ser un viaje de esos que te marcan; desde el empleado de la compañía de ferrocarriles hasta el taxista que me llevó al hostel, Mario, fueron encantadores. Mario incluso me hizo un mini tour (gratis, porque que un taxista te enseñe la ciudad sin pedírselo para triplicar la tarifa del servicio es normal…) enseñándome unas vistas espectaculares de Roma iluminada, esforzándose al máximo para que la conversación fuera fluida, mientras yo me dejaba la vida para entender lo que ese buen hombre me explicaba.

Roma es una ciudad tan rica culturalmente que ni viviendo allí terminarías jamás de conocerla, el summum para los amantes del arte y la historia.

Poder pisar el Coliseo, el Foro Romano o tener enfrente a La Piedad, El Moisés, El Laoconte,… te hace sentirte aún más pequeñito en esa colosal ciudad. Los cuatro días que pasé allí, aunque fueron agotadores, ya me engancharon a este país.

Yo que soy más de arte contemporáneo y de patear y patear, y que la religiosidad es uno de los temas aún por descubrir en mi vida, visité no sé cuántas iglesias, a cuál de ellas más bonita. Imperdibles son, obviamente, San Pedro, que a pesar de su majestuosidad y el número turistas haciendo fotos por todos los rincones irradia un sentimiento de espiritualidad increíble, además de poder ver La Piedad de Miguel Ángel nada más entrar ¡Qué pasadaaa!, San Pietro In Vincoli, en la que se encuentra la escultura de El Moisés de Miguel Ángel y Santa Maria della Vittoria, pequeña pero preciosa y en la que en una de las capillas se encuentra El Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini.

 

Otra visita obligada son los Museos Vaticanos, en el que podrías pasar horas, o varios días para visitar sus 24 salas, pero sólo por visitar la Capilla Sixtina compensa toda el tiempo que puedas perder; visita que sería más agradable si no tuviéramos que escuchar constantemente la voz de los vigilantes gritando “please no photos” a los turistas que pierden más tiempo en conseguir una buena foto de estraperlo que en disfrutar de la maravilla que tienen ante sus ojos.

Y por supuesto me dejé los pies andando por el Trastevere, “chupando escaparates” por la Vía del Corso (dicho francés que me enseñó mi colega rusa mientras paseábamos), y por todos los rincones de la ciudad.

TOSCANA: Florencia y Pisa

Tras el caos de Roma, Florencia es un remanso de paz. Una ciudad pequeñita y preciosa, con un centro salpicado de casas con tejados de tejas rojas, de esculturas, tiendas y por supuesto buenísimas heladerías, aún recuerdo el sabor del helado de chianti que me tomé allí… Es una ciudad que te va atrapando de una manera muy sutil; andar por una callecita y de repente encontrarte en la Plaza del Duomo, con la titánica catedral de mármol, subir a la gigantesca cúpula y tener a un palmo de tus ojos los frescos que la decoran y una vez que llegas a la terraza, tener unas vistas impresionantes de la ciudad. Visitar La Academia y estar ante la colosal escultura del David es otro momentazo que tampoco olvidaré, como pasear por la orilla del río Arno al atardecer para cruzar el famoso Ponte Vecchio.

Pisa empezó con mal pié…y terminó igual. Me equivoqué haciendo la reserva del alojamiento, sin posibilidades de cambio lo que supuso tener que cancelar la visita a Siena. Una vez en la ciudad, me costó la vida encontrar el Bed & Breakfast que había reservado, la oficina de información y turismo me pareció pésima en todos los aspectos y como broche de oro tuve que abandonar la casa que había tenido el acierto de reserva en la peor zona…

Aun así la ciudad me encantó, aparte de la Torre Inclinada y el circo que se forma alrededor con la gente haciendo poses para la fotito de rigor, Pisa tiene unos rincones preciosos para pasear.

LIGURIA: La Spezia

Después del día agridulce que pasé en Pisa, en una horita y pico de tren estaba en el paraíso. Y para mí, que soy mucho de sensaciones, Liguria prometía y mucho, el trayecto en tren hacia la Spezia lo compartí con una señora encantadora que me hizo muy ameno el viaje y me ayudó a calmar los ánimos, y que además me enseñó varias apps muy útiles para el transporte en la zona; cuando me bajé del tren un señor me acompañó hasta la puerta del hotel, aunque ni él mismo sabía adónde estaba, y una vez allí el personal del hotel y los clientes con los que coincidí fueron la caña. Así que me fui a la camita para descansar y al otro día visitar Cinque Terre, parque nacional declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ¡y no es para menos!

Cinque Terre está formado por cinco pequeños pueblos pesqueros construidos sobre un escenario costero impresionante, unidos por una antigua vía férrea y un sendero sobre espectaculares acantilados, así que sólo te queda la opción de coger el tren o hacer senderismo si quieres visitar los cinco: Riomaggiore, Manarola, Cornoglia, Vernaza y Monterosso al Mare, que por cierto son a cuál más bonito.

Después de 7 días tan intensos de ciudades , museos , subir y bajar miles de escalones e interminables colas , poder sentir el mar fue como cargar a tope las pilas, pero para llevar una de repuesto al día siguiente me fui a Portovenere, un pequeño pueblo medieval costero, otra maravilla para los sentidos

EMILIA ROGMANA: Bolonia

Bolonia fue una parada en ruta hacia el próximo destino, pero me llevé una grata sorpresa. Es una ciudad mucho más fresca, gracias a su vida universitaria, alberga la universidad más antigua del mundo, con preciosos pórticos a lo largo de sus calles y un ambientazo durante todo el día, además de un arraigado slow food, sobre todo en el famoso Quadrilatero.

Vale la pena dedicarle un día.

VÉNETO: Venecia y Verona

Febrero, Italia, Venecia…y siiiiii… Carnaval. Si Venecia es una ciudad que enamora, en Carnaval es lo máximo. La plaza de San Marcos se convierte una pasarela por la que desfilan los vestidos y máscaras más espectaculares, envolviendo de magia la ciudad.

Y para descansar de la masificación de gente nada mejor que coger el vaporetto y escaparte a pasar el día a Murano, pequeña isla en la que se encuentran las famosas fábricas de cristal, y a Burano, con sus típicas casitas de colores.

Verona fue otra de esas ciudades que me cautivó. Es una gozada pasear por la orilla del Río Adige y oir desde el famoso Puente de Piedra como ruge el agua al bajar por su cauce, o transportarte al pasado en el Arena de Verona o en el descuidado pero impresionante Teatro Romano. Para los románticos es imprescindible visitar la casa de Julieta, uno de los escenarios de Romeo y Julieta, yo no es que sea romántica, todo lo contrario, pero soy muy curiosa y la verdad es que merece la pena visitarla, aun sabiendo que aunque la historia tienen un origen real, los protagonistas nunca existieron.

LOMBARDÍA: Milán

Y como toda historia, ésta también llegó a su final. En Milán pasé los dos últimos días. Si tengo que ser sincera, fue la ciudad que menos me gustó.

Aquí se nota mucho más el carácter de la gente del norte y aunque es una ciudad grande con sitios interesantes, me pareció muy impersonal.

La fachada del Duomo es realmente impresionante, con más de 3000 estatuas y 135 agujas, y subir a la terraza y andar directamente sobre su tejado es una experiencia alucinante. Pasear por el Quadrilattero d´Oro, repleto de tiendas de las mejores firmas a nivel internacional es otro de los atractivos de la ciudad, para quien disfrute viendo escaparates claro, que este tampoco va a ser mi caso… Una zona que me gustó bastante fue la zona Navigli, un barrio al sur que se extiende alrededor de dos canales, repleto de barecitos y tiendas de artesanía. Es la zona más joven y alternativa de Milán.

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