Laos… el reino del millón de elefantes y yo no he visto ni uno


LLegué a Loas  ansiosa por descubrir ese país del que tantos comentarios preciosos había escuchado, era uno de esos países que me hacía especial ilusión explorar. Es un país tremendamente pobre con una gran riqueza natural, étnica y religiosa y según me habían dicho calidad humana, eso último yo por desgracia no lo puedo afirmar.

Mi vuelo aterrizaba en Vientián, la capital,  por la tarde. Dejé el equipaje en el hostel y salí a dar una vuelta para echar un vistazo y cenar. La primera impresión fue muy positiva, se respiraba calma y todo era muy auténtico, sin los famosos neones de colores y los conocidos restaurantes de comida rápida que ocupan las principales calles de las capitales asiáticas.

Vientian

Al día siguiente me dispuse a visitar la ciudad, que lo haces perfectamente en un par de días: Phat That Luang, la famosa estupa símbolo del ciudad, Patuxai, el arco del triunfo desde que hay unas bonitas de la ciudad, Estupa That Dam, en su momento recubierta de oro, que fue varias veces objeto de expolio, el Palacio Real, y varios templos. Al día siguiente cogí un autobús local y me fuí a visitar el Budda Park, un peculiar parque en el que se mezclan estatuas de budas con extrañas figuras.

That Dam
Phat That Luang

 

Budda Park

Después de visitar la ciudad pensaba irme hacia el norte, pero una publicación que leí me hizo cambiar los planes (no fue bonita precisamente) y me fui rumbo al sur, para visitar Kong Lor y su famosa cueva con el río subterráneo. El paseo en la barquita por la oscura cueva, iluminada solo en un pequeño tramo por el que se va a pie,  es una experiencia muy recomendable para los amantes de la naturaleza. El pueblo es una maravilla, es una zona rural en el que es todo un placer pasear por los tres carrilitos y la ribera del rio en la que los niños juegan y se acercan curiosos para saludarte y bromear.

Kong Lor Cave
Kong Lor
Kong Lor

Después de pasar un par de días allí, me fui para Savannakhet, una pequeña ciudad, la segunda más importante del país, solo con la intención de descansar antes de continuar a Paksé; los traslados aunque sean de poca distancia se hacen todos en autobuses locales, el estado de las carreteras es lamentable y aunque es todo una experiencia, viajar al lado de un gallo, que los vendedores ambulantes te pasen los pollos fritos por la cara,…es agotador. La ciudad, aún no teniendo más que un pequeño museo y varios wats me pareció con mucho encanto, sobre todo si lo que quieres es descansar.

Vendedoras ambulantes en el autobús
Vendedoras ambulantes en el autobús
Savannaket

Hasta este punto Laos aún no me había cautivado, no había tenido apenas contacto con los locales, puede ser porque casi nadie habla inglés, así que continué hacia el sur hasta llegar a Paksé. Ahí estaba la tercera ciudad más importante del país, y ésta sí que la ves en 20 minutos… Aquí se suponía que empezaba lo bonito, desde aquí se hace  un circuito en moto por la meseta Bolaven Plateau, en el que visitas las plantaciones del famoso café Laos, uno de los mejores del mundo; plantaciones de té, paisajes naturales con cascadas impresionantes y pequeñas aldeas en las que habitan distintas minorías étnicas. Así que alquilé una moto, cargué las baterías de las cámaras y me dispuse a explorar la ansiada meseta. El primer día fue todo un disfrute; paisajes idílicos, libertad sobre ruedas,e incluso llegué por casualidad para hacer noche a una cabañita con una vistas impresionantes sobre la cascada de Tad Alone.

Tad Yuang
Tad Alone, vistas desde la chocita.

A la mañana siguiente, después de haber dormido como una reina oyendo sólo el sonido del agua a caer desde las rocas, cogí mi moto y seguí la ruta; en ese día se suponía que llegaría a las pequeñas aldeas que tanto interés despertaban en mí, pero…no pudo ser. Aparqué la moto en la entrada a una cascada para visitarla y, en los cinco minutos que duraron la visita, me la robaron. Así que tuve que volver a Paksé, denunciar y pagar una moto nueva .

Una parte de mí se resistía a abandonar ese hermoso país sin haberlo llegado a conocer, incluso pensé en volver a alquilar otra moto y continuar la ruta; pero los trámites del robo, la impotencia y la desilusión me robaron las fuerzas para continuar. Después de solucionarlo, lo que más sentía era frustación, por no haber conseguido empatizar con ese país en el que tantas expectativas había puesto, por no sentirme con fuerzas para continuar, por perderme tantas cosas con las que había soñado disfrutar… pero fué imposible reconciliarme. Cogí un vuelo hasta Luang Prabang, porque eso sí, no estaba dispuesta a perderme una des las ciudades más bonitas de Asia, y así llevarme un buen sabor de boca. Y lo hice, lo de visitar una de las ciudades más bonitas de Asia, porque el mal sabor de boca no me lo quitaba nadie…

Luang Prabang
Atardecer en el Mekong
Wat Xieng Thong
Wat Xieng Thong

 

Alms giving

Luang Prabang es una ciudad preciosa, no por nada fue declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco. Es la ciudad más espiritual de Laos, con más de 50 templos, rodeada de montañas y bañada por las aguas de los ríos Mekong y Nam Khane. Es uno de esos sitios en los que te quedarías a vivir; con preciosos atardeceres sobre el Mekong, una oferta gastronómica deliciosa, edificios coloniales que se mezclan con los espectaculares templos, la famosa ceremonia al amanecer en las que los numerosos monjes salen a pedir limosnas… un lugar idílico, pero que muy a pesar tampoco logré disfrutar.

Me hubiera encantado escribir un bonito post, contando las maravillas de este país, pero no ha podido ser; no lo he disfrutado y por primera vez tenía muchas ganas de salir de allí. Me robaron la moto y lo que peor, la confianza y la ilusión.

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