Indonesia: Java, Bali y Nusa Tenggara; 4 semanas nos son nada…


Indonesia es un país increíble, un país que no te deja de conquistar, que te va enganchando día y día, y siempre te deja con esa sensación de querer seguir conociéndolo. 17.000 islas, su fusión de culturas, gastronomía, religiones, playas, volcanes, selvas…

Nuestro viaje a Indonesia comenzaba en Yogyakarta, Java ( una amiga que venía de vacaciones me acompañó durante dos semanas). Ya en el trayecto del aeropuerto al hotel nos miramos y nos dijimos: Mola, eh!

Yoya, como la llaman los autóctonos, es una ciudad a caballo entre modernidad y tradición, una ciudad con muros cubiertos de grafitis, salpicada de mezquitas, y una ajetreada vida en torno a  Jalan Malioboro, donde conviven grandes centros comerciales con pequeñas tiendas locales, “boutiques”, galerías de arte y warums en los que compartir una deliciosa comida local, sentados en esterillas, con las familias que acuden por la noche a cenar. Todo ello con un pausado ritmo de vida, que la hace más encantadora aún.

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Rajan Malioboro

Fuimos a visitar los templos de Prambanan, un majestuoso complejo de templos hinduístas y Borobudur, el templo budista más grande del mundo. Dos visitas que te dejan sin aliento aliento, en los que te puedes pasar el día haciendo fotos de cada rincón.

Prambanan
Prambanan

 

Borobudur
Borobudur

 

Desde Yoya volamos a Bali. Lo tenía en mi lista de destinos preferidos, en una de las primeras posiciones, y como suele pasar, cuando las expectativas son grandes, la primera impresión la consagra o te decepciona de la forma más brutal. Llegamos a Kuta, y creo que es el peor sitio al que puedes llegar si quieres conocer Bali. Sólo




hay bares, algunos tengo que reconocer que con algún encanto, las típicas tiendas para guiris, y una playa sin nada en especial, sólo tiene un puntito en la puesta de sol, hora en la que locales y guiris se reúnen para disfrutar de una caña y hacer posados con el bonito telón de fondo.  La llegada al paraíso no pudo ser más hortera.  Aunque tan pronto como pones un pie en la isla empiezas a tomar contacto con su impresionante cultura. Recuerdo que mientras esperábamos a que nuestra habitación en la casa en la que nos alojábamos estuviera lista, fuimos a tomarnos una caña a Poppies Lane 1, que la teníamos justo al lado,  y ya allí empecé a flipar, ves a la gente haciendo ofrendas en medio de la calle, tras las que queda una preciosa imagen por todos los rincones de la ciudad. Otro momento precioso fue cuando estábamos desayunando y la familia con la que hacíamos homestay realizaba su ritual de ofrendas en el pequeño templo de la casa. Los balines dedican más de una tercera parte de sus vidas a las ceremonias y actos religiosos, en los que gastan una importante parte de sus sueldos, y ésto se respira en el ambiente , la dualidad del yang ying, la espiritualidad de su gente, su buen rollo, y sobre todo ese impregnate olor a incienso que siempre guardaré como recuerdo.

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Desde allí fuimos a visitar los templos de Tanah Lot, Batu Bolong y Luhur Ulu Watu, y nos alojamos en Seminyak. Es una zona al norte de Kuta,  mucho más atractiva, y aunque no deja ser un pueblo costero, la playa es de arena blanca y mucho más bonita, además con un ambiente mucho más tranquilo, lleno de chiringuitos en la playa en los que disfrutar de la puesta de sol y cenar con una Bintan fresquita. Después de disfrutar de dos días de playa nos fuimos para Ubud. Esta ciudad, aunque está abarrotada de turistas desprende mucho más el alma balinesa, sus calles son un espectáculo de colores viendo el trasiego de sus habitantes realizando sus continuas ofrendas, mujeres con cestas en la cabeza repletas de frutas caminando hacia los templos para depositarlos, continuas celebraciones, danzas… Aquí visitamos el Palacio Real, el Lotus Palace, Monkey Forest: el Santuario Sagrado del Bosque de los Monos y La Cueva del Elefante (Goa Gajah). Presenciamos una de las danzas típicas, Kecac, en las que un grupo de hombres sentados en circulo mientas cantan llegan al trance .

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Uno de los momentos más mágicos fue la visita a Nyoman Latra, el hijo del famoso chamán Ketut Liyer fallecido hacía cuatro meses y que se hizo famoso tras la película Come, Reza, Ama. Lo que me dijo ya os lo iré contando según vaya pasando, ¡si es que pasa!

 

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Desde Ubud visitamos los templos Pura Sesakih ( el Templo Madre), Pura Tirta Empul , Pura Danau Bratan y Pura Ulun Danu Batur,  donde tuvimos la suerte de coincidir con el día de la celebración de varias bodas. Una maravilla en todos los sentidos, aún siendo los templos más conocidos y en consecuencia llenos de turistas, se respira espiritualidad, tras los objetivos de las cámaras se capta el día a día de su gente, con su continuo trasiego de rituales, además de miles de extras en las fotos que no deberían aparecer…

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Nos fuimos a Tirta Ganga, un pequeño pueblo inmerso entre arrozales y visitamos la aldea de Tenganan, una tribu hinduísta con una arraigada tradición en la que solo se permite el matrimonio entre miembros de la misma comunidad con el fin de que no desaparezca su cultura; es interesante, los propios habitantes son los que te la enseñan y explican su indiosincracia, aunque al final, como siempre termina en una venta de artículos de artesanía.
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Locas por llegar a las famosas Islas Gili hicimos una noche en  Padangbay , un pueblecito pintoresco en el que  sólo necesitas pernoctar si vas a coger el ferry para las Gilis Islands de Lombok, aunque nos regaló una de las puestas de sol más bonitas.

Para ser sinceros me fuí de Bali con una espinita clavada, no haber conocido más a fondo su cultura, pero volveré esta vez no para visitarla, sino para vivirla.

Después de una corta travesía llegamos al PARAISO Gili Trawangan. Esta isla es conocida como la isla de fiesta, aunque en temporada baja es un remanso de paz. Una isla en la que no hay ni vehículos a motor, ni perros, ni policía… los traslados se hacen en coches tirados por unos pequeños caballos, en bici o a pie (descalzos a ser posible…), aunque esto también tiene su lado negativo, cuando llegan los barcos a la orilla, tanto jóvenes como hombres y mujeres se pasan horas descargando, soportando grandes pesos  sobre sus cabezas. Después de disfrutar tres días del lujo balines en una espectacular villa, nos trasladanos a unas cabañitas y cuando mi amiga se tuvo que marchar no me pude resistir a seguir disfrutando de ese pequeño paraíso de aguas cristalinas y un silencio evocador, así que me quedé cinco días más. De Gili T guardo momentos incrébles: hacer snorquel entre las tres islas y nadar entre tortugas, el momentazo en el que mi instructor me entregó la licencia de Open Water Diver bajo ese espectacular mar, la puesta de sol tomándonos el famoso batido proteico de la isla, la estancia en familia en Lievera Bungalos…. tantas cosas que me costó tela marcharme de allí , pero el visado me cumplía y quería visitar Lombok.

dscn2970La travesía hasta Lombok fue un horror, un barquito no sé para cuantas personas y un oleaje de mil demonios, pero llegué sana y salva, pillé un coche compartido y me fui a  Kuta Lombok. Se ve que para mí Kuta tiene una connotación negativa…y tampoco me gustó. Una playa poco concurrida en la que conviven cabras, pocos turistas y vendedores ambulantes, aunque en un par de días le cogí el punto, incluso me atreví a hacer mis primeros pinitos con el surf. Si te pillas una moto llegas a unas playas expectaculares que hay alrededor, aunque creo que todos hemos estado en mejores playas que éstas.

El siguiente punto de la isla que visité fué Senggigi, vine sólo para un par de días y aquí me quedé hasta que cogí el avión para mi próximo destino. Lombok según dicen es el Bali antiguo, mucho menos explotado y con un encanto muy especial. Paisajísticamente es muy similar, pero con la diferencia de que  al ser su población mayoritariamente musulmana, nos encontramos hermosas mezquitas pintadas con colores muy vivos por todos los rincones. La gente es maravillosa, siempre te atienden con una sonrisa y te saludan a cada paso y están encantados de charlar contigo, con el único pretexto de pasar el rato y practicar inglés.  De Lombok también me llevo un montón de recuerdos maravillosos: el atardecer en el templo Pura Batu Bolong, construido en la playa sobre una roca, donde pasé un momento precioso charlando con los fieles que cuidan el templo, el día en moto con Adi en el que fuimos a visitar el poblado de Sengkol, la tribu de sasaks que aún viven en Lombok,  los templos de Mayura y Narmada, en el que está la fuente de la eterna juventud. Un chaman te hace su ritual y después debes rezar, lavarte la cara con el agua de la fuente y beberte un vaso agua ( ya os contaré en unos años si funciona…), las clases de surf en las que tanto disfruté cogiendo olitas en un rompiente con unas vistas espléndidas…

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Sólo puedo decir que ésto ha sido sólo un aperitivo, que los 30 días que te permite estar el visado no son nada para este país, y que volveré para seguir disfrutándolo.

Terima kasih!

 

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