Londres…10 días de entrenamiento


Una de mis pasiones es viajar, pero hasta ahora mis viajes han sido vacacionales, más o menos organizados y siempre acompañada. Así que como parte de la nueva aventura decido hacer un par de viajecitos a modo de entrenamiento. El primero ha sido a Londres, ¿por qué? Porque era un destino que conocía, tenía amigos y familiares viviendo allí y dominaba el idioma, o eso pensaba yo… El inglés es un idioma universal con el que te puedes comunicar con cualquier persona del mundo, menos con un británico.

La experiencia ha sido bastante positiva. Es increíble la capacidad de adaptación que tiene el cuerpo humano, porque a decir verdad, después de vivir casi 20 años sola y acumular una lista innumerable de manías, la convivencia con desconocidos no la veía sencilla. Pues sí, al final hasta le coges el punto a dormir acompañada y a presentarte y despedirte casi a diario de tus compañeras de habitación, a hacerte tu propia camita en el hostel y a camuflar el pijama debajo de una bufanda y unas botas para bajar a desayunar y compartir ese cafelito cada día con alguien diferente.

Londres es una ciudad que nunca te deja de impresionar, y cuando lo haces sin las prisas de un turista y sin la necesidad de hacer las típicas visitas, te ofrece miles de imágenes preciosas.

Otro de los puntos destacables de la ciudad son sus innumerables manifestaciones artísticas, y no sólo las encerradas en el British Museum, Tate Modern o National Gallery, que te dejan sin aliento. En cada barrio hay docenas de artistas callejeros ofreciendo su trabajo a cambio de unas monedas o un simple guiño. Es un gustazo pasear por Brick Lane, Brixton, Camden Town o la misma Trafalgar Square y escuchar a grandes músicos tocando en vivo, pintores regalándonos sus obras en cualquier rincón u observar la belleza de sus paredes grafiteadas.

Un regalazo que nos ofrecen los viajes es la gastronomía, y aunque no sea uno de los destinos más ricos en este tema, por lo menos para mí, hay bocados que no te puedes perder, como la clásica hamburguesa, el Fish & Chips, el Pie & Mush, una empanada de ternera acompañada de puré, que durante años fue la comida de la clase obrera o los deliciosos Beigels, esos bocatas de ternera al horno acompañada por una mostaza que hace que se te salten las lágrimas.

Bueno, pues a esto dieron de sí esos 10 días de entrenamiento: a hacer unas cuantas fotos, pegarme alguna carrerita por los espectaculares parques de la ciudad, comer, comer y comer , conocer a mucha gente por el camino, y descubrir que viajar sola no sólo es posible, sino que además es un puntazo.

¡Me vuelvo a lavar la ropita que ya me están llamando para embarcar en el próximo vuelo!

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