Cuba… ¡Asere yo te descargo un mundo !


” Viajar es descubrir  que todos están equivocados sobre los otros países”. No hay mayor verdad. Había escuchado cientos de comentarios acerca de la isla, y aunque el 99% coincidían en que era un destino impresionante, jamás imaginé que un trocito de mi corazón se quedaría allí, y no es que me haya enamorado de un mulatón, eh… Cuba es un país que nada más llegar te hace pensar en cuándo será la próxima vez que lo vas a visitar… o sales corriendo a pillar un billete de vuelta.

Nada más llegar al aeropuerto, el calor y la humedad te dan una bofetada que te quita el jet  lag, y comienza la vida “a lo cubano”, casi dos horas esperando las mochilas…

Cuando por fin conseguimos hacernos con el equipaje, Alfonso nos esperaba con su espectacular Chevrolet para llevarnos a la casa de la familia cubana que habíamos reservado. Alojarse en una casa con una familia es la mejor forma de empezar a conocer el país; para mí conocer la vida de puertas hacia dentro de sus gentes es lo más bonito y Cuba te ofrece esa oportunidad de la manera más sencilla. Aunque el sistema de reservas de las casas es un poco tedioso, entre otras cosas por las limitaciones de uso de internet, una vez allí es muy fácil conseguir alojamiento. De hecho nosotras no utilizamos ninguna de las casas que habíamos reservado desde España.

Y después de más de 15 horas de viaje… ¿¿¿dormir??? Teníamos que aprovechar que era sábado, estábamos en La Habana y vivíamos al lado de la Casa de la Música de Galiano. No podríamos haber empezado mejor… La Casa de la Música es una discoteca del Estado. Hay una en Habana Vieja y otra en Miramar. Para mí la de Galiano es mucho más auténtica, es la que suelen frecuentar los locales y es todo un espectáculo; música en vivo y una pista repleta de verdaderos máquinas bailando, aunque el espectáculo ya empieza  en la cola para entrar: precios para locales y para turistas, si pagas 5 USD más te saltas la cola, si eres colega del de la puerta también y si decides esperar tu turno, vas a tener tiempo suficiente para empezar a entender la lucha del cubano.

Al día siguiente, a las claritas del día nos echamos a la calle a disfrutar de la ciudad. La Habana se divide en tres barrios: Habana Vieja, que es el centro histórico, Centro Habana, que es la parte más auténtica, donde vive el pueblo y El Vedado que es el centro administrativo de la ciudad, y en el que están los hoteles. Aquí comienza el festival de sensaciones: preciosas imágenes de una ciudad que parece haberse quedado estancada en los años 50, música que sale del balcón de cualquier casa o de unos músicos callejeros tocando en una esquina, gente maravillosa (claro que te estén piropeando a cada instante ayuda bastante a tener este concepto…) dispuesta a ayudarte y contarte cómo llevan la “lucha” en un país en el que el sueldo de una de una persona que trabaja para el estado ronda entre 12 y 20 euros al cambio, en el que aún existe una libreta de racionamiento con productos que sólo dan  a duras penas para un par de comidas y en el que en el mercado negro, que es el que tienen que comprar todos los artículos, los precios son mucho más altos que los europeos.

Callejon Hamel 1

Balcon Cuba

Balcon Cuba 2

Bodega mulato

Bodega

Malecon

Coche 2

Al siguiente día madrugón y Viazul hasta Cienfuegos. Moverte por la isla es  fácil en autobús, los hay con bastante frecuencia y los autobuses están  bien. El sistema de reservas, como todo, también es muy  peculiar. Aunque tengas el billete comprado anticipadamente, tienes que presentarte 30 min. antes de la salida para hacer el check in, si no venden tu plaza.

Cienfuegos es un pequeña ciudad fundada por colonos franceses, que conserva todo el sabor de su arquitectura en sus bonitas casas de colores de estilo neoclásico. Una buena opción para visitarla es montarse en un carro de caballos y pasear por la ciudad.

Cienfu

Próxima parada: Trinidad…¡¡¡¡sí, por fin nos vamos a bañar en el Caribe!!!!

Trinidad es como un pequeño oasis, una ciudad colonial declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y no es para menos. Tiene un centro histórico extremadamente cuidado, salpicado de casas  de colores sobre calles empedradas. Atención viajeras, Trinidad = chanclas. Está lleno de pequeñas tiendas de artesanía y pinturas, coquetas cafeterías, espectaculares paladares, todo con un aire mucho más bohemio; y una de las discotecas más impresionantes que jamás haya visto, Disco Ayala, está  dentro de una cueva y aunque el caminito de acceso es un poco complicado, merece la pena. Es casi obligatorio sentarse en la Plaza Mayor a tomarte una Canchánchara, un combinado de ron, miel , soda y limón, con un sabor tan extraño como adictivo, a ver la puesta de sol, escuchando a los músicos de La Casa de la Música de fondo. Y después de estos intensos y calurosos días, nos esperaba un diíta de playa en Playa Ancon… Para llegar a la playa hay un autobús público que te lleva por 1 CUC, pero siempre va hasta la bandera así que la opción más cómoda es compartir un taxi que te lleva por 2 CUCs por persona.

Playa Ancon

Musicos Trinidad

Coche Trini

Varadero

 

 

De nuevo madrugón, bueno más bien siestecita, y Viazul a Varadero. Es lo que tiene viajar con alguien más hartible que tú, que los días se hacen noches y las noches días casi sin querer… Después del tremendo palizón del viaje, un reconfortante bañito caribeño. La playa es una pasada, aunque el pueblo está un poco demodé, es un Benidorm a lo cubano. Algo muy curioso es ver a familias compartiendo una botella de ron en el agua calentita mientras ven la puesta de sol, y otros reparte su amor…

 

 

Aquí empieza otra parte muy especial del viaje. Tuvimos la suerte de compartir tres días con una maravillosa familia cubana. Esto sin duda es lo más bonito que te puede ofrecer un viaje. Si el concepto del cubano ya lo teníamos muy alto, después de estos días de convivencia compartiendo comidas, celebraciones y el quehacer diario, se consagró. Si hay algo especial en Cuba es su gente; jamás he visto gente más humilde y con un corazón más grande. Sólo por las charlas compartiendo un trago de ron, los bailecitos en familia y el precioso recuerdo, merece la pena cruzar el Atlántico mil veces.

Carrito

Esta vez el traslado era a Santa Clara, y lo hicimos a lo cubano , con la familia en un microbús escuchando música, bailando, compartiendo unos traguitos de ron y haciendo paradas por el camino para comprar, algo que no sólo hacen los autocares privados, es muy común que el conductor se pare en cualquier lado de la carretera a comprar fruta, ¡o cualquier cosa que la mujer le haya pedido!

Santa Clara es una ciudad pequeñita, aunque es uno de los puntos claves de la Revolución. Visitas obligadas son el  Mousoleo del Ché Guevara y el Tren Blindado. Aunque la visita más auténtica fue  al mercado dominical Sandino, al que la gente del  pueblo acude a hacer la compra de la semana, atestado de gente, puestos de comida  y con música como siempre de fondo. Una de las cosas que más me impresionó es que los productos básicos como los huevos o las patatas se “pierden”; hay determinados periodos en los que la demanda en el mercado negro supera la producción y pueden pasar meses sin que suministren. Cuando vuelven a ofertarlos, la voz se corre como la pólvora y se forman colas impresionantes para comprarlos.

Tren Santa Clara

Che

Mercado sandino

Guarapo

No nos podíamos ir de Cuba sin darnos un bañito en algún Cayo, así que siguiendo las recomendaciones de los locales fuimos a Cayo Santa María, un verdadero paraíso. Como todos los cayos está repleto de resorts con playas privadas, pero hay una playa virgen, Playa de las Gaviotas, a la que puedes acceder pagando una cantidad simbólica, ya que es un parque natural. Después de andar un senderito, te encuentras con kilómetros de playas desiertas, además tiene unos pequeños chamizos distribuidos a lo largo de la playa en los que poder disfrutar de un ratito de sombra mientras te tomas una Cristal bien fría.

CayoY como toda historia, ésta también llegaba a su final… y nos esperaba un clásico en los trasportes cubanos, que el autobús se partiera y nos quedáramos tiradas 6 horas en la estación esperando el “omnibús” hasta La Habana. Así que, ¡al mal tiempo, buena cara!

Viazul ron

Hay destinos que te dejan huella, y por los que hay un antes y un después tras su visita. Cuba para mí ha sido uno.

de los

 

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